Medjugorje – Virgen de Medjugorje

Si tenemos a Jesús en nuestra vida, el resto será más fácil

El Espíritu Santo renueva todas las cosas, y siempre está haciendo algo nuevo en nosotros y en el mundo, ayudándonos y moviéndonos a una vida santa, es decir, a una vida vivida en la Presencia de Dios.

Y Medjugorje es uno de los lugares donde se nota claramente esta acción, esta colaboración de la Gracia en la evangelización.

Con la pandemia, son pocos los peregrinos que llegan, y en su mayoría provienen de regiones cercanas. De otros pueblos y ciudades de Bosnia-Herzegovina, pero también de Croacia, Polonia, Eslovaquia, Ucrania. Es una rareza subir la Colina de las Apariciones o el Monte de la Cruz y oír rezar en croata mayormente, siendo que durante tantos años uno debía tener el oído entrenado para detectar en que idioma rezaban los peregrinos, ya que era un constante fluir de lenguas diversas en todas partes aquí.

Pero la vida en la parroquia sigue, es más, han surgido nuevos grupos de oración y esta ausencia de peregrinos, por muy triste que sea, ha hecho que muchos recuperaran esa amistad íntima con Dios que, por tantos quehaceres, habían descuidado por el síndrome de Marta, que todos alguna vez en la vida hemos padecido.

Amistad íntima con Jesús, que es tan necesaria y vital. Sobre esto habló Fray Zvonimir Pavicic, uno de los sacerdotes de la comunidad franciscana de Medjugorje, en su homilía de la Misa matutina en croata del pasado domingo, el 5º del tiempo ordinario:

Hermanos y hermanas, no podemos buscar milagros sin encontrarnos con Jesús. Todas estas personas que fueron sanadas, primero conocieron a Jesús. Primero tenían que mirarlo a los ojos. Porque Jesús es Dios y ve lo que hay en el corazón y cuando nos encontramos con Jesús, no valen las excusas: “No tengo tiempo, tengo mucho trabajo, también están los niños, ya sabes Jesús, como son los tiempos en los que vivimos, voy corriendo por todos lados, entiéndeme, Jesús”.

Queremos ser sanados o pedimos por la salud de alguien cercano a nosotros, pero no buscamos a Jesús, Él nos sirve como un simple medio. Le necesitamos porque hace milagros. Pero la salud no es lo más importante. Ni la nuestra ni la de nadie más. Y no lograremos nada, no obtendremos nada, aunque suceda un milagro y recuperemos la salud, si no nos hemos encontrado con Jesús, si no nos hemos sentado a sus pies y escuchado su palabra.

Los discípulos le dicen a Jesús: “Todos te buscan”. Bueno, tal vez algunos de ellos solo estén buscando la sanación, pero el evangelista Marcos nos deja un mensaje claro: “Hay que buscar a Jesús, hay que anhelarlo a Él”. Preguntémonos pues, hermanos y hermanas: ¿Cuánto realmente le busco a Jesús? ¿Es importante para mí o me basta con tener la salud? Cuan equivocado es el dicho en nuestro pueblo que dice: “Si tenemos salud, el resto será más fácil”, cambiémoslo mejor en: “Si tenemos a Jesús en nuestra vida, el resto será más fácil”.

El que está con Jesús, el que está sentado junto a sus pies escuchando su palabra, el que le abre su corazón a Jesús, ninguna enfermedad lo separará del amor de Cristo. Que Jesús misericordioso nos perdone todos esos días, todas las veces que no lo buscamos, y avive en nuestro corazón el anhelo de su presencia, de su palabra, de su salvación.

Uno de los grupos más hermosos, del que les escribiré en alguno de los próximos artículos, ha sido el grupo de oración que todos los días, a las 5 de la madrugada, sube al Monte de las Apariciones a rezar, con la promesa de hacerlo durante un año entero como preparación para el 40º aniversario de las apariciones de la Virgen María.

Por lo demás, los parroquianos siguen rezando el Vía Crucis todos los viernes en el Monte de la Cruz, y los domingos el rosario en el Monte de las Apariciones. Aquí desde el comienzo de la pandemia no se había suspendido la Eucaristía. Es más, hubo un salto gigante en la trasmisión del programa vespertino de oración con la pandemia que, de 300 mil conexiones diarias, pasó a ser a casi 4 millones IP direcciones por día, y eso en 9 idiomas.

En este renovar de Dios todas las cosas, nos ha regalado prepararnos tecnológicamente de una manera diferente, y en este tiempo poder usar mayormente los medios digitales para seguir llevando al mundo el mensaje del Cielo.

También, viendo que el año pasado en el Festival de Jóvenes el promedio de participantes online fue de 4.5 millones, y que el Congreso de hace unos 10 días tuvo un pico de 7.4 millones de conexiones, vemos que los peregrinos en sus hogares siguen abriendo el corazón a los mensajes de la Reina de la Paz. A la vez que pueden ayudar a vivirlos a sus familias, difundiéndolo entre sus amigos, en sus trabajos, en todas partes.

Ahora bien, caminar por los viñedos y no encontrar grupos numerosos rezando el Rosario, ver los negocios y los hoteles cerrados, sin taxis fuera de la Iglesia o llegar al programa de oración y siempre hallar un asiento libre, ciertamente que es un poco extraño, si vemos solamente lo exterior.

Pero si posamos la mirada en el interior, y vemos en el corazón de Medjugorje, que late desde hace 40 años con el Amor de la Virgen María, nos encontramos que nada ha cambiado, que todo sigue su amoroso plan, ese que nos invita a la conversión, al ayuno, a la oración, a la confesión, a poner a Dios en el centro de nuestra vida, a ver al prójimo como mi hermano, a volver el corazón al Dios Eterno, y dejar de lado las cosas del mundo que son pasajeras.

El mensaje de la Gospa es el mismo, la acción pastoral y la fecunda vida de la Parroquia es la misma, la entrega y oración de los habitantes de Medjugorje sigue siendo igual de generosa como siempre. Solo que Dios en este tiempo multiplicó la difusión de la nueva evangelización, con el mensaje de fe, esperanza y amor, ese que nos da su Palabra, renovando la manera y usando los medios digitales, como expresión clara de lo que San Pablo dice a Timoteo “predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo” (2Tim 4,2).

Cuando la pandemia pase, volverán los peregrinos de a miles aquí, mientras tanto es Medjugorje mismo que nos visita en nuestras casas, se adentra en nuestras familias, y sigue derramando el Amor Maternal de la Gospa en nuestra vida.

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