Medjugorje – Virgen de Medjugorje

Pentecostés con María: la Iglesia que aprende a dejarse fecundar por el Espíritu.

Hay un detalle decisivo en el relato de Pentecostés que a veces queda relegado a un segundo plano: María estaba allí. El libro de Hechos de los Apóstoles señala que los discípulos perseveraban en oración “junto con María, la madre de Jesús” (Hch 1,14). Y en el capítulo siguiente narra la irrupción del Espíritu Santo sobre la Iglesia naciente.

María estaba porque toda su vida había sido una historia de apertura al Espíritu.

La Escritura ya la había presentado así desde el comienzo. En el relato de la Anunciación, el ángel Gabriel la saluda con una expresión única: “Alégrate, llena de gracia” (Lc 1,28). No es simplemente un elogio; es la descripción de una mujer habitada por Dios, disponible para su acción. Por eso el anuncio continúa diciendo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc 1,35).

Los evangelios muestran precisamente esa disposición interior de María al Espíritu Santo. Ella escucha, discierne, pregunta, acoge y finalmente responde: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). El Espíritu encuentra en María una humanidad abierta a ser fecundada por Dios.

Por eso su presencia en Pentecostés tiene una profundidad extraordinaria. La mujer en la que el Espíritu engendró a Cristo está ahora en medio de la comunidad donde el mismo Espíritu engendra a la Iglesia. Hay una continuidad entre Nazaret y Pentecostés: en ambos casos, Dios actúa allí donde encuentra corazones disponibles.

Tal vez ahí está una de las urgencias espirituales de nuestro tiempo.

Vivimos rodeados de ruido, velocidad y autosuficiencia. Todo empuja a producir resultados inmediatos, incluso dentro de la vida eclesial. Pero Pentecostés no nace de la agitación. Nace de una comunidad reunida en oración, esperando la promesa de Dios. Y en medio de ellos está María, recordando silenciosamente que antes de anunciar hay que dejarse habitar.

Un gran problema contemporáneo es la falta de hombres y mujeres verdaderamente abiertos al Espíritu Santo.

Pentecostés hoy ocurre cuando alguien deja que Dios vuelva a fecundar su vida interior. Cuando una comunidad abandona el miedo. Cuando el Evangelio deja de ser ideología o costumbre y vuelve a convertirse en fuego. Porque el Espíritu Santo produce una humanidad nueva.

Y María sigue estando allí, como en el cenáculo, enseñándole a la Iglesia que la verdadera fecundidad comienza siempre con una disponibilidad radical a Dios.
Feliz Pentecostés!!! Madre acompaña a tus hijos.

Glenm Gómez Álvarez, Pbro.

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