En la tarde del tercer día del Congreso, el P. Inocencio Llamas dió la catequesis titulada “Descubriendo el plan de la Gospa”, una reflexión centrada en el sentido profundo de la presencia de la Virgen en Medjugorje y en el momento histórico que vive el mundo.
Desde el inicio, el sacerdote planteó la pregunta clave: “¿Por qué aparece la Virgen María en Medjugorje en estos tiempos?”. Y recordó quién es Ella: “la hija predilecta del Padre, la Madre del Dios Encarnado y el Templo especialísimo del Espíritu Santo”. Señaló que María viene enviada por “el Altísimo” como Madre, pero también como Maestra: “viene a enseñarnos”, subrayó.
Según explicó, la propia Virgen ha dado dos razones fundamentales de su presencia en estos casi 45 años: la falta de paz en el mundo y la pérdida de la fe. “No hay paz en el mundo”, afirmó, recordando que por eso se presenta como Reina de la Paz. Pero también advirtió sobre una crisis espiritual más profunda: una pérdida de fe que la Iglesia llama “apostasía”,es decir, “negar a Dios, negar la revelación de Dios”.
En ese contexto, fue categórico: “¿Qué es lo peor que puede ocurrir en el mundo? No conocer a Dios, perder el alma”.Y citando el Evangelio, recordó que la vida eterna consiste en “que te conozcan a ti, Padre, y al que tú has enviado”. Dios —insistió— nos ha creado para la eternidad, “nos ha creado para el cielo”.
Sin embargo, aclaró que la Virgen no viene a infundir miedo: “No ha venido a meternos miedo, ha venido a darnos los remedios para vencer el mal”. Agradeció el don de la fe y el haber nacido en una familia dentro de la Iglesia Católica, donde se nos revela la verdad que es Cristo.
Con una imagen profundamente maternal, explicó el corazón del plan de la Gospa: una madre que no quiere que ninguno de sus hijos se pierda. “Ella no quiere que nadie se pierda, nadie”, repitió. Como una madre que protege a su hijo del peligro, así María —entregada a nosotros como Madre al pie de la cruz— sigue intercediendo por cada uno de sus hijos. Recordó las palabras del Evangelio: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo”, y añadió que también María “nos dio a su Hijo y se dio ella misma”.
El P. Inocencio invitó además a cambiar la mirada sobre los demás. En lugar de fijarnos en “los puntos negros del prójimo”, propuso reconocer el bien que hay en cada persona: “Estoy seguro de que es más grande el bien que hay en cada uno que el mal que hay en cualquiera de nosotros”. Porque, afirmó con esperanza, “Dios no hace nada malo, es un artista, nos hizo a su imagen y semejanza”.
Hacia el final, condujo a los participantes a una oración sencilla y confiada:
“María, gracias por ser mi Madre. Perdóname cuando te he dado tristeza por no amar a tus otros hijos. Espíritu Santo, perdóname por haberte entristecido con mis juicios, pensamientos, egoísmos y también con mis palabras, sobre todo con mi omisión, mi falta de amor y por no vivir las bienaventuranzas. Cambia mi vida, Espíritu Santo. Haz que entienda, Virgen María, que quieres usarme con el Espíritu para llevar el amor al mundo, para llevar la paz, la alegría y la esperanza. Ayúdame, Madre, y ayúdanos a todos. Juntos pedimos ahora que las divisiones que pueda haber en nuestros grupos y en nuestras comunidades desaparezcan en esta tarde, ahora en el Rosario, en la Misa y en la Veneración de la Cruz. Cámbianos, Señor. De antemano, gracias. Todo para la gloria del Padre. Amén”.
La catequesis dejó en claro que el plan de la Gospa no es otro que el plan de salvación de Dios: llamar a la conversión, sostener la fe en tiempos de crisis y conducir a cada uno de sus hijos hacia el encuentro definitivo con Él. Un mensaje profundamente esperanzador.
