Jóvenes, lo dice el Evangelio, ustedes son la luz del mundo. Su voz debe ser escuchada en los confines del mismo. Hoy en día, muchos son los que caen bajo el peso del idealismo de las modas, las políticas, la economía, el libertinaje… alejados de Dios, de la razón y del bien propio y común. No hay libertad en la individualidad errática, egoísta y mezquina. El pensamiento y el actuar egoísta que anuncian los medios de comunicación, que idolatra la publicidad y que incitan las corrientes sociales lleva siempre a juzgar equívocamente al otro, a rechazar al hermano, a violar los derechos de los demás, demandando el ejercicio de los propios y olvidando los deberes.

Lo importante no es el anhelo de ser diferente, propio de esta etapa de la vida, lo importante es que la búsqueda de la desigualdad debe estar en compañía de algo que me complementa, me forma, corrige y hasta conforma. El propio Jesús. Ejemplo es la imagen bellísima que muestra el Evangelio del cuerpo como la iglesia, el ojo nunca podrá ser pierna y el dedo nunca podrá ser cerebro pero los dos se necesitan. Cada joven es una parte indispensable de ese cuerpo, su individualidad y sus características son riqueza para la iglesia. Siempre y cuando el joven entienda que la cabeza es Cristo, podrá encontrar la fortuna que hay en su ser y la bendición que él mismo es para su familia, su comunidad y la iglesia en general.

Por tal razón, se considera que ustedes los jóvenes puedan ser necesarios, ustedes son indispensables en la construcción del Reino de Dios aquí en la tierra. Entonces no teman vivir en Cristo ni disientan del compromiso con Él. Vayan contra corriente, la sociedad insiste en la inexistencia de Dios sólo porque no desea vivir un compromiso, ésta es su actual tentación y es completamente refutable con tan sólo observar la naturaleza de quien nos evidencia la perfección y el amor de Dios.

Jóvenes, la sociedad impone nuevos valores que relativizan lo verdaderamente importante, urgente y necesario. Se debe buscar lo trascendental para ser felices y no lo momentáneo o instantáneo. Es innegable que la riqueza, la belleza y hasta el amor humano son pasajeros, de la misma manera que las ideologías, la moda, la fama y el lujo. El desenlace de todo ello es la muerte humana, por más sabios que seamos moriremos.

Si se desea imaginar lo que hay después de esa muerte sólo cabe en dos opciones, tanto para creyentes como incrédulos: una, la inexistencia de Dios, que en tal caso no traería consecuencias para ninguno de los dos (creyentes y no creyentes). Dos, la existencia de Él, en este caso las consecuencias son más que sustanciales, son radicales, hay una ganancia absoluta en la adquisición del cielo eterno o de la pérdida del cielo para el que no cree en Dios. Ahora, joven, si te preguntas por la existencia de Dios o si dudas de Él, también pregúntate por la razón de ser de la naturaleza, el movimiento o la materia, alguien debió darle un principio. Haciendo analogía a lo anterior, si las cosas son bellas debe haber alguien muy bello, por ejemplo: si las rosas son bellas ¿qué será la belleza en sí? . Gracias a la inteligencia que Dios nos ha concedido es que podemos descubrirle en todo ello y admirarle.

Para concluir, no se puede tapar el sol con un dedo, la idea de negar la existencia de Dios nace de una herida provocada por la decepción de la fe, la iglesia o los ministros. De esta manera se comprende por qué tantos se cierran a la verdad y la niegan buscando argumentos que muchas veces van en contra de la lógica.

Joven, aférrate a tu fe, sé diferente y pide ayuda constante al Espíritu Santo.

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