Medjugorje – Virgen de Medjugorje

“Hágase en mí según tu palabra”

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Este 25 de marzo celebramos la Anunciación del Señor. Si sacamos cuentas, está situada exactamente nueve meses antes de la Navidad, la celebración del nacimiento de Jesús. En medio del camino cuaresmal, mientras avanzamos hacia la Pascua, la liturgia nos invita a volver a contemplar el misterio de la encarnación.

La Anunciación no es simplemente una escena mística o de piedad entre un ángel y una joven de Nazaret. Para nosotros, creyentes, es un momento decisivo en la historia de la humanidad. Dios irrumpe en la historia, pero lo hace de una manera sorprendente: en la humildad de nuestra carne.

Y, sin embargo, el proyecto de salvación no avanza hasta que la Virgen María responde. Hay un instante de silencio en la historia, un instante en el que todo parece suspendido.

Entonces llega esa frase que atraviesa los siglos: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

María expresa una decisión. Es un acto de libertad. No pronuncia esas palabras como quien repite una oración aprendida; las dice sabiendo que ese sí cambiará su vida para siempre. Ese sí no es ingenuo: implica riesgo, incertidumbre, incomprensión. Pero es un sí confiado.

Y ese sí, que comienza silencioso en Nazaret, se hace inmenso al pie de la cruz. Allí se revela toda su grandeza. El mismo consentimiento que María pronunció ante el anuncio del ángel permanece firme cuando ve a su Hijo rechazado, condenado y crucificado. El sí de la Anunciación no fue pasajero: es fidelidad que atraviesa toda su vida. Desde Nazaret hasta el Calvario, María permanece confiando en Dios, incluso cuando todo parece oscuro. Por eso su palabra —«hágase»— no es solo la respuesta de un instante, sino la forma misma de su vida.

Y aquí aparece algo verdaderamente impresionante: el rumbo de la historia cambia por el sí libre de una mujer.

A veces pensamos que la historia la mueven los emperadores, las guerras, los imperios o las decisiones de los que gobiernan; esos que, desde el poder, con gritos y humillaciones, descalifican a otros y hacen tanto ruido. Pero el Evangelio nos muestra otra cosa: la historia también puede cambiar por la fe humilde de alguien que se atreve a decirle sí a Dios.

El sí de María abre una puerta. Dios entra en el mundo no como una idea ni como una teoría religiosa, sino como vida que comienza a crecer en el vientre de una mujer. Ahí empieza verdaderamente el Evangelio.

Por eso esta solemnidad, celebrada en plena Cuaresma, también se vuelve una pregunta para cada uno de nosotros: ¿Puede Dios todavía contar con nuestra libertad?

Porque el misterio de la Anunciación no terminó en Nazaret. De alguna manera, Dios sigue buscando corazones disponibles. Sigue buscando personas capaces de decir, incluso en medio de la incertidumbre: «Aquí estoy».

Y cada vez que alguien pronuncia ese sí, aunque sea en silencio, la historia vuelve a abrirse a la esperanza.

 

 

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