Madre, todo tu corazón abarca el corazón de tu Hijo y el de nosotros, también tus hijos, como un fuego eterno de amor. Refrescamos y renueva todo deseo de perfección en todo instante.

Madre, cuán maravilloso es ver tu amor y pureza por hacernos más fuertes ante las adversidades que a cada momento hay que sortear. Todo es muestra de tu gran amor de madre por nuestra vulnerabilidad.

Más, sin embargo, para ti somos la creación más especial. Para ti somos tus hijos a los que no dejas jamás de enseñar y guiar hacia la casa del Padre. Nunca te cansas de darnos luces y de motivarnos a no desfallecer ante nuestros desvíos.

Y esto es verdadero, siempre nos da luces. Viendo el mensaje del 25 de enero nos invita: “Hijitos, este tiempo es para ustedes, tiempo de silencio y de oración”. Son dos cosas fundamentales que hemos perdido. Ya no hacemos silencio y por ende no hacemos oración. Sucede que hay un silencio físico y a la vez frío en las familias. Pero el corazón está lleno totalmente de ruidos creados por los medios de comunicación que aún siendo buenos absorben todo el espacio y el tiempo para un verdadero silencio que lleve a la meditación.

Si hacemos silencio y oración nuestro corazón se calentará y germinarán las semillas de la esperanza y la fe, es lo que dice nuestra madre. Hermanos, debemos luchar contra lo que ocupa y nos roba el silencio y la oración para poder ver con esperanza el futuro y no desfallecer ante los fracasos presentes. Tengamos la certeza de que Cristo nos espera.

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