La capacidad de dar amor está en la capacidad de amarse, y la capacidad de amarse está en la capacidad de recibir el amor de Dios, y el poder recibir el amor de Dios está en la disposición de ser humilde, y el ser humilde está en la Verdad.

La Verdad es Jesucristo quien me guía a conocer la verdad acerca de mi, haciéndome por ello cada vez más humilde. Con la humildad me abandono en los brazos de la misericordia, para recibir sus tesoros, que son un desbordamiento de su Amor en mí “el amor ha sido derramado en nuestros corazones”. Tanto es ese amor que nos impulsa a amar a los demás, porque no lo podemos contener en nuestro corazón ya que se desborda de forma espontánea.

Solo se puede amar en el presente, quien solo habla de reminiscencias y recuerda momentos del pasado para decir que ama, en realidad no ama. Pues solo tiene un recuerdo pasado que ya no existe como realidad, solo es una idea. Esto es porque el amor se hace tangible en mis acciones. Y solo es posible en el presente. Para decir que amo, debo estar amando donde esté y con quien esté, pues ese es el mandato de Jesucristo, amar incluso a los enemigos, orar por ellos…. si no ¿cuál será la diferencia entre los paganos y nosotros?

Amar en el presente, es tener la conciencia activa, a la que nos invita María. Una conciencia del corazón del Evangelio, es vivir el mandamiento de amarnos los unos a los otros. Si vivimos del pasado, son solo recuerdos e ideas, qué tal vez fueron momentos fortuitos y los tomamos nosotros para decir que amamos y serán fortuitos si no somos capaces de amar ahora. Por eso preguntémonos: ¿Yo amo? Pero, por favor, hazlo en este instante de tu presente existencial, de tu espacio y temporalidad, del ahora mismo.

Compartir:Compartir en FacebookCompartir en Google+Tweet en TwitterEnviar esta página por correoImprimir esta pagina