Medjugorje – Virgen de Medjugorje

Comentario del Mensaje del 25 de Abril de 2003

En sus mensajes, la Bienaventurada Virgen María a menudo menciona la palabra “hoy”, ahora, este momento. Nos quiere decir que el ayer pasó, y el mañana no ha llegado aún, existe sólo el presente, el ahora. Ahora me puedo decidir por Dios y la oración, ahora me puedo convertir en un creyente o en un no creyente. Cúanta gente vive crucificada entre el ayer y el mañana y no vive el hoy, de tal forma que nunca viven con ellos mismos y en este tiempo que Dios da. La mayoría de Sus mensajes comienza con: “También hoy los llamo”. Nada ha cambiado en la fuerza, en el amor y en la exigencia de los llamados y mensajes de la Virgen. La Virgen sigue siendo la misma puesto que no necesita de algún cambio. Preguntémonos cúanto hemos cambiado o si hemos permanecido iguales. Ya que, aquel que no progresa en el camino de la fe, indefectiblemente retrocede. La vida espiritual no es comodidad ni molicie, sino una lucha constante en los caminos de la fe. Como dijo el sufriente Job: “¿No es una servidumbre la vida del hombre sobre la tierra?” (Job 7,1a). Si bien hay que luchar mucho para asegurar la existencia material, hay que luchar aún más para progresar en el camino espiritual de la fe en Dios. El mismo Jesús nos llama y nos dice: “Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación” (Mt 26,41).

La Cuaresma ha sido un regalo y una ocasión para vernos en la verdad ante Dios. A esa verdad también la Virgen nos llama en este mensaje. Somos siempre pequeños ante Dios y somos solamente criaturas que dependen en todo de su Creador. La gracia consiste en conocer y comprender cuán pequeños somos y cuán pequeña es nuestra fe. Nadie puede decir: “Yo le creo a Dios en un cien por ciento, no se puede más”, “Yo amo tanto a Dios, no se puede más”. Siempre descubrimos espacios en nosotros en los cuales no hemos permitido que Dios entre.

La Virgen nos invita a decidirnos: “Decídanse por Dios”. Cada uno es responsable de su vida y de sus decisiones. Aunque María como Madre nos llame con insistencia, Ella no puede hacerlo en vez de nosotros. Ella ha hecho lo más posible. Aunque nos ama inmensamente, Ella no puede vivir nuestra vida en vez de nosotros, ni puede morir en vez de nosotros. Ella no nos quita la liberta de decisión, como en la ocasión en que Dios no le quitó a Ella la libertad de decisión cuando envió al ángel Gabriel en la Anunciación. En su libertad, María podría haber dicho: “Eso es muy difícil para mí, supera mis fuerzas y poder”. En su libertad pronunció su “Sí” a Dios. Hoy nos dice y testimonia que no se equivocó, por eso Ella sabe que no nos equivocaremos si nos decidimos por Dios. “Dios espera nuestra decisión – como dice Santa Teresa de Avila – para poder hacer solo todo en nosotros”. Sin nuestra decisión, El no puede, no quiere ir en contra de nuestra libre voluntad. Cuando permitimos actuar a Dios, entonces El puede cambiar nuestros corazones y los corazones de los demás en nosotros y a través de nosotros. Eso nosotros no lo podemos hacer. No podemos convertir a nadie con nuestras aseveraciones, predicaciones y hermosos discursos humanos. Ese es el trabajo de Dios. Lo que podemos hacer es prepararle el terreno en nuestro propio corazón, crear un espacio para Dios en nosotros. Sólo entonces Jesús Resucitado tendrá espacio para venir a este mundo que necesita y anhela a Dios. En sus Confesiones, San Agustín nos lo confirma: “Tú lo estimulas para que encuentre deleite en tu alabanza; nos creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti.” (Confesiones I, 1).

María nos da su promesa de que está y permanecerá con nosotros. Ella ha venido con el corazón lleno de un amor de Madre para darse a quienes deseen abrirse y recibir su amor. Permitámosle que nos guíe. No tengamos miedo, como Ella no lo tuvo al dar su vida a Dios.

Fr. Ljubo Kurtovic
Medjugorje 26.04.2003

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