Medjugorje – Virgen de Medjugorje

Entrevista de P. Livio a Marija para comentar el Mensaje del día 25 de septiembre

P. Livio: Queridos amigos, tenemos ahora en directo a Marija de Medjugorje que nos referirá el mensaje de la Reina de la Paz de hoy 25 de septiembre de 2017.

P. Livio: Buenas tardes Marija.

Marija: Hola padre Livio. Saludos a todos los oyentes de Radio María. Con mucha alegría, también hoy, como cada 25 de mes, la Virgen nos ha dado el siguiente mensaje:

“¡Queridos hijos! Os invito a ser generosos en la renuncia, en el ayuno y en la oración por todos los que están en la prueba, y son vuestros hermanos y hermanas. De manera especial, os pido que oréis por los sacerdotes y por todos los consagrados, para que amen con más fervor a Jesús, para que el Espíritu Santo llene sus corazones de gozo; para que testimonien el Cielo y los misterios celestiales. Muchas almas están en pecado, porque no hay quienes se sacrifiquen y oren por su conversión. Yo estoy con vosotros y oro por vosotros para que vuestros corazones puedan estar llenos de alegría. Gracias por haber respondido a mi llamada.”

P. Livio: Marija, este mensaje es muy comprometido porque la Virgen nos pide a todos nosotros ser generosos en tres cosas: renuncia, ayuno y oración para todos los que se encuentran en la prueba. ¿Qué te parece a tí Marija la renuncia? ¿A qué tipo de renuncia se refiere?

Marija: La renuncia puede ser desde la más pequeña a la más grande. La renuncia puede ser desde un caramelo, a la renuncia del pecado. Muchas veces puede ser la renuncia a la vida eterna. Hay personas que dicen que no creen y así renuncian a la vida eterna, renuncian al Paraíso. Por esto precisamente la Virgen nos pide a los que tenemos una fe fuerte, que no quiere decir que seamos mejores, porque también somos pobres pecadores, pero reconociendo esa debilidad y siendo conscientes de que sin Dios no somos nada, la Virgen nos pide que seamos generosos. Muchas veces, nosotros mismos hemos podido comprobar que cuando el Espíritu Santo nos invade, la generosidad es una respuesta muy fuerte. Por esto la Virgen nos pide ser generosos en la oración, generosos en el ayuno. Hoy en día, ya no se sabe el verdadero significado de estas palabras. Tampoco de la renuncia. Renuncia al bien, renuncia al mal. El mal, es pecado. El bien, es santidad. De esto la Virgen no ha dicho nada porque Jesús lo dice siempre en la Sagrada Escritura. El bien es bien y el mal es mal. Sí es sí y no es no. Yo creo profundamente que nosotros debemos ser generosos en la fe, en el ayuno, en la renuncia y en la oración como dice la Virgen.

P. Livio: Especialmente en la renuncia al pecado.

Marija: Sí, sobre todo.

P. Livio: Porque con todas las otras renuncias, reforzamos nuestra voluntad y así podemos renunciar al mal.

Marija: Yo creo profundamente que es esto lo que la Virgen nos pide. ¿Quién no ha pecado? Mil veces me arrepiento y me desconsuelo por ser pecadora, pero debemos fijar nuestra mirada siempre en la misericordia de Dios. También con humildad debemos pedirle piedad por nuestra pobreza humana. Debemos pensar que en nuestra pobreza y nuestra generosidad, nos volvemos mejores. El Señor nos está llamando, de modo especial, en las renuncias como Él hizo en todas sus tentaciones. La Virgen ha dicho que con el ayuno incluso las guerras se pueden parar; y dice que ciertos espíritus malignos se pueden alejar solo con el ayuno y la oración. Lo dice el mismo Jesús. Por tanto, nos toca a nosotros reconocer con alegría que solos no podemos, pero con Dios sí.

P. Livio: La Virgen nos pide hacer esto por amor a nuestros hermanos, por todos aquellos que están pasando por diferentes pruebas ya que son muchas las tentaciones, las enfermedades y las dificultades. Así pues, con la renuncia, el ayuno y la oración ayudar a esas personas, que muchas veces están en el entorno de nuestra familia como nuestros hermanos o hermanas.

Marija: Sí como dice la Virgen, no son gente lejana. Somos todos hermanos y hermanas. ¿Quién es tu vecino? Aunque no tengamos una unión de sangre, igualmente somos hermanos. Muchas veces en mi parroquia, aquí en Medjugorje, hemos hecho amistades que son más profundas que una relación de hermanos porque son relaciones con Cristo.

P. Livio: Cierto. También hay un pasaje muy especial en que la Virgen pide rogar por los sacerdotes y todas las personas consagradas. Esta es una petición que la Virgen te ha hecho a ti ya en los primeros tiempos de las apariciones.

Marija: Sí es verdad. Ella nos pide rezar por los sacerdotes y todas la personas consagradas para que amen con más fervor a Jesús y que el Espíritu Santo invada sus corazones con alegría para que puedan testimoniar el Cielo y los misterios celestes. ¡Es un mensaje muy hermoso! Porque nos habla de dejar la tierra y pensar en el Cielo, en el Paraíso. Pero nosotros, desafortunadamente, estamos muy atados a la vida terrena, a este mundo que nos envuelve. También yo veo muchos sacerdotes que están demasiado inmersos en el espíritu terreno, tantas veces, incluso solos o abandonados. Tantas veces no entienden su profesión, su deber y muchos caen en crisis porque no saben qué hacer. Por esto la Virgen insiste tanto en que roguemos por ellos.

P. Livio: Sí, muchas veces ha dicho que ellos no necesitan nuestras críticas sino nuestras oraciones.

Marija: Sí. ¡Tantas veces ha dicho esto la Virgen! Pero con mucho ardor de ánimo. Muchas veces no nos damos cuenta, pero a menudo encontramos ese sacerdote anciano, o joven, que ya no habla de Dios con entusiasmo y alegría. Es como si viviéramos en un mundo en el que Dios no existe, como si fuese solo una cosa espiritual suya. Por eso la Virgen los llama a ser sacerdotes no solo en la sacristía, no solamente en la parroquia sino también en las calles, allí donde quiera que vayan. Yo lo veo muchas veces hablando con la gente, que si tenemos la valentía de hablar de Dios, la gente responde. Por esto pido, de modo muy especial, a los sacerdotes que no se comporten como cualquier persona, que actúen como sacerdotes, como hombres de Dios, como portadores de la luz del Espíritu Santo que los conduce hacia los demás para darles esperanza. Hoy en día, el mundo necesita mucho de la esperanza. Este es el motivo por el cual la Virgen nos invita insistentemente a rogar por los sacerdotes. Sin los sacerdotes no tenemos a Jesús entre nosotros, no tenemos la Adoración, no tenemos la Eucaristía.

P. Livio: ¡Cierto! Pero la Virgen quiere que los sacerdotes estemos enamorados de Jesús. De hecho, las mismas oraciones de los sacerdotes nos ayudan a amar con más intensidad y fervor a Jesús. Si nosotros, sacerdotes, no dedicamos tiempo a la oración, no nos enamoramos de Él.

Marija: Es verdad. La Virgen no dice solamente los sacerdotes, sino también todas las personas consagradas. Son importantes los laicos consagrados, las monjas de clausura, las monjas de vida activa, las misioneras, los diáconos. La Virgen dice: “Tú eres importante allí donde estés, amad a Jesús con más fervor y el Espíritu Santo invadirá vuestros corazones”. Es decir, el Espíritu Santo sopla donde quiere, como quiere y cuando quiere y sus corazones se llenarán de alegría. La Virgen dice que si sentimos la alegría en el corazón, seremos capaces de testimoniar las cosas celestes. No estaremos agarrados a las cosas de la tierra sino a los misterios del Cielo.

P. Livio: Sí, de hecho, muchas veces me da la impresión de que somos gente triste, mientras que si oyéramos la Santa Misa con el corazón, no deberíamos estar nunca tristes, ya que el Espíritu Santo durante la Misa nos llena de alegría. De todas maneras Marija, aquí hay una frase que yo creo que nos dice cuál es la misión de un sacerdote. Digamos que un sacerdote no es un hombre que se dedica a cuestiones sociales sino uno que debe testimoniar los misterios celestes. Es decir, testimoniar a Dios.

Marija: Sí. Deben amar a Jesús con fervor y con ese fervor dar testimonio. Desafortunadamente, hoy en día, el mundo nos envuelve fuertemente, no solamente a los sacerdotes, también a todos los cristianos. Yo veo tantas veces que cuando estamos junto con gente no creyente, nosotros nos comportamos exactamente como ellos. En cambio, nosotros somos mucho más importantes que ellos porque nosotros tenemos a Jesús en el corazón. Tenemos al Espíritu Santo que nos guía. Tenemos la vida eterna. Mientras que ellos, son pobres, son pobres espiritualmente. Veo que muchos, dan para que se les dé. Aman para ser amados. Es la ley del ojo por ojo y diente por diente. Por esto la Virgen nos pide ser generosos en el ayuno, la oración y la renuncia, no solamente por nosotros, sino para ayudar a todas esas personas. Todos nuestros sacrificios darán fruto en ellos para su conversión. Quien se da a Jesús, Él lo escucha, lo guía y lo ilumina. Yo rezo siempre con todo mi corazón, no solamente por mí sino por toda la gente que conozco para que el Espíritu Santo nos ilumine. A veces testimoniamos muy pobremente. Sinceramente te digo padre Livio, el Señor me ha elegido en medio de tantos millones de personas que hay en el mundo. ¡Me ha elegido a mí! ¿Y yo, cómo le respondo? No me siento satisfecha, me gustaría hacer mucho más. Y le pido al Señor que cambie mi corazón, mi alma, mi mente, para que yo pueda ser siempre mejor testimonio de Su Amor, del Cielo, del purgatorio, del infierno ¡que existen! Porque muchas almas están en pecado y necesitan de mí, de ti, de nosotros.

P. Livio: Yo creo ya que has respondido más de 35 años y con valentía.

Marija: Sí, respondemos, pero me da la sensación de que siempre es poco. Nunca me parece suficiente. Por esto os pido que recéis también por nosotros para que podamos ser siempre mejores testimonios por haber sido elegidos. Nosotros no lo hemos pedido, es Dios quien nos ha elegido. Por esto, deseamos con toda nuestra vida, con todo nuestro ánimo, con todas nuestras fuerzas, poder testimoniar. Estar allí cuando la gente viene a nosotros. La gente nos ve como un reflejo de la Virgen, de la vida eterna. Cuando la gente me saluda, ¿cómo me ve? ¿como Marija, o como Marija la vidente? Obviamente, como a la Marija que ve a la Virgen. Por eso nuestro testimonio es tan importante. Debo darles a la Virgen, a Jesús, la vida eterna… ¿No sé si me he explicado padre Livio? Es esa responsabilidad que hay siempre en mi corazón que me lleva a hacer siempre más.

P. Livio: Marija, hay una frase que es muy especial. Ahora estamos en el centenario de las apariciones de Fátima que termina en octubre, cuando tuvo lugar la última aparición. En uno de sus mensajes decía: “Muchas almas van al infierno, porque no se reza y no se sacrifican por ellos”. Aquí la Virgen dice una frase casi idéntica. Dice: “Muchas almas están en pecado, porque no hay quienes se sacrifiquen y oren por su conversión”. Este mensaje es muy parecido al que dijo la Virgen en Fátima cuando habló del infierno.

Marija: Es verdad, yo también he pensado lo mismo apenas he escuchado el mensaje. Con estas palabras, la Virgen está uniéndose al mensaje de Fátima, como diciendo que lo que empezó en Fátima, lo está continuando ahora en Medjugorje. Me gustaría testimoniar en este momento, que muchas almas, muchos peregrinos que han venido aquí a Medjugorje en los primeros años, han abandonado el pecado y han empezado una vida de conversión, una vida de santidad. Aquí, siempre se reza mucho, pero en los primeros años se hacía muchísimo más, no se sabía si era de día o de noche porque se rezaba continuamente. Se subía a las colinas, había los grupos de oración, en la parroquia… se veían muchísimos más pecadores que se convertían. También hoy muchos pecadores que vienen a Medjugorje cambian de vida, pero yo creo que depende también de nosotros. Por esto debemos rezar más para lograr su conversión. La Virgen escucha siempre nuestras oraciones porque está siempre con nosotros y ruega por nosotros.

P. Livio: Marija, es muy bonito esto que has dicho. Debemos ser conscientes de que las conversiones son obra del Espíritu Santo, son milagros de la Gracia, pero son también fruto de nuestras oraciones y con ellas podemos ayudar a Jesús y María a salvar slmas con nuestros pequeños sacrificios y con las oraciones cuotidianas.

Marija: Sí padre Livio, por el Amor del Cielo, es exactamente así. Nosotros no podemos salvar a nadie, pero sí dar ese pequeño empujón animando a que vayan a confesarse. Yo me acuerdo que cada año durante el Festival de la Juventud llegan muchos jóvenes que quisieran confesarse, hacer una buena confesión. Durante mucho tiempo, lo que yo he hecho ha sido hacer fotocopias de las instrucciones para confesarse bien. Muchos jóvenes desean hacer una buena confesión, pero no saben cómo. Así muchas veces, dándoles un papel con las instrucciones para un buen examen de conciencia, les damos el pequeño empujón que necesitan. No sé, son pequeños trucos que nosotros podemos hacer. Tantas veces también, cuando por ejemplo, nos viene alguien a casa por la tarde para tomar el té con unas galletas o simplemente para conversar un rato y en ese momento dan las tres, nosotros podemos decir: “Ah, mira son las tres, ¿te parece si rezamos juntos la coronilla?” Son esas pequeñas, yo diría “astucias” que deberíamos poner en práctica.

P. Livio: Es verdad. Marija, hay la frase final que a mí me gusta mucho en la que la Virgen ruega para que nuestros corazones estén llenos de alegría.

Marija: Sí, la Virgen nos quiere felices y contentos así empezaremos a vivir el Paraíso aquí en la tierra.

P. Livio: Deberíamos levantarnos por la mañana con alegría y cantar el Aleluya a la vida.

Marija: Sí, lo sé, pero tantas veces las enfermedades, nuestras cruces, con tantos problemas que llevamos en nuestro corazón. No solamente problemas físicos, espirituales, materiales… tantas personas que no tienen trabajo y no pueden mantener a su familia. En estos casos, no es fácil decir: “¡Alégrate!” Se hace muy difícil descubrir esa alegría. Por eso digo que hay que confiar en el Señor y en Su Misericordia. Me acuerdo del caso de una señora que abortó varias veces y después llegó a sentirse perdida, no decía a nadie lo que ella había hecho, se sentía muy deprimida y sin esperanza hasta que llegó a Medjugorje. Aquí sintió fuerzas para hablar de ello y ahora es una mujer muy activa en el “prolife” sintiéndose así una mujer realizada. Da testimonio de su vida, diciendo que ella había hecho abortos, explicando cómo hizo perecer niños con cuatro meses de gestación, viendo sus bracitos, sus piernecitas. Cuando cerraba los ojos, veía siempre estas imágenes y me sentía muy mal. Era para mí una pesadilla, veía aquella piernecita, que era carne de mi carne, sangre de mi sangre y yo lo había matado con un sí. Ahora ha llegado a perdonarse a sí misma y da testimonio a tantas mujeres para que no aborten. Ella ha reencontrado la alegría de vivir. Seguramente, ese sufrimiento continúa en su corazón por lo que hizo, pero ella ahora está intentando salvar a esos niños, que aunque no sean de su carne, ella ha adoptado en su corazón, en su alma.

P. Livio: ¡Estos son los milagros de la Gracia!

Marija: Son los milagros de la Gracia, pero la Gracia funciona también con nuestro “sí”. Si decimos “no” al pecado y “sí a la santidad, entonces es cuando la Gracia viene del Espíritu Santo, nos llama. Por eso debemos rezar, testimoniar y pedir por todos los que no rezan, no aman, no adoran.

P. Livio: Marija, ahora ya para terminar, quisiera decir que, habiendo citado el mensaje de Fátima y pensando también en este próximo mes de octubre, mes del Rosario, creo que es una invitación para retomar el uso de su rezo en familia para, como dice la Virgen, salvar almas.

Marija: Exactamente. Nosotros deseamos hacer más. Quisiera decir a todas aquellas personas ancianas que se sienten solas, que están en cama, que sufren de ceguera o son sordos, les digo que son muy valiosas, que sus oraciones son importantísimas. La Virgen en el mensaje del jueves ha dicho que nuestros ancianos son los pilares de nuestras casas porque rezan y renuncian a muchas cosas. A veces quisieran salir a dar un paseo y no pueden, sus piernas no les sostienen. A estas personas les digo que pueden rezar, pueden renunciar a muchas pequeñas cosas. La Virgen tantas veces ha hablado del ayuno a pan y agua, pero también del ayuno de la lengua, del pensamiento, de la mirada. Me acuerdo de un santo sacerdote, que ya ha muerto, al que yo siempre he considerado un santo, que cuando iba caminando por las calles de Milán, nunca miraba los escaparates. Nosotros, la mayoría de las veces estamos distraídos, él en cambio, solo miraba su interior. Si tú lo saludabas, él te saludaba y lo hacía con un entusiasmo, con una alegría como si no viera a nadie más, como si estuviéramos en una isla desierta. Él era la alegría, y yo quisiera decir que también nosotros deberíamos ser así con todas las personas que encontramos, aunque no piensen como nosotros; personas que viven en la prueba, como dice la Virgen.

P. Livio: Sí Marija. Y te agradezco mucho el testimonio que nos has dado y ahora acabaremos con la oración.

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